SNOW QUEEN : Manifiesto de lo Incomprensible
- Luis Ángel Murillo
- 1 ene
- 2 Min. de lectura
Una producción de Archivo 97
Conceptualización, Estilismo y Dirección Creativa: Luis Ángel Murillo
Logística y asistencia de vestuario: Henry Mata
Fotografía: Oscar Ramírez
Edición de Fotografía: Mario Sánchez
Maquillaje y Peinado: Chris Fonseca
Modelo: Fabiana Urcina
Vestuario: Yanil Herrera, Ledeny D´ Lazo, Marcela Posadas, DOMDOM Design, Andrea Zúniga y Marysabel Medina
Locación: Casa Casco, Centro Histórico de Tegucigalpa
Contenido de backstage: Marco Morán y Ambar Vasquez

Se impone en escena como una presencia imposible de ignorar: surreal, esculpida en proporciones que desafían la naturalidad. Su belleza no busca aprobación; exige veneración. Cada movimiento es calculado, cada gesto ejerce control. Hay en ella un frío que no hiere, sino que cautiva; una maldad elegante que no se grita, sino que se insinúa en la manera en que ocupa los espacios.
En su presencia, la luz y la sombra se negocian, y cualquier intento de suavizarla parecería trivial. Este es el terreno donde la moda deja de ser accesorio y se convierte en lenguaje: un sistema que traduce fuerza, deseo y control, sin necesidad de palabras.
La historia inicia en blanco, pero no desde la inocencia, sino desde la autoridad. El color del 2026 se resignifica como un código de poder: prístino, preciso, casi intimidante. No hay nostalgia, no hay dulzura gratuita. Hay poder estructural.

Cada diseñador participa como autor dentro de un mismo relato. No se trata de piezas aisladas, sino de capítulos de una narrativa sobre la feminidad contemporánea y sus múltiples contradicciones.
Las transparencias de Yanil Herrera flotan como un susurro peligroso. Tul que no cubre, sino que destaca la feminidad; una falda exagerada que se expande como una nube consciente de su tamaño y un torso de pliegues etéreos que se rinden sobre un solo hombro, como una caricia desordenada en la que destacan destellos de sutileza. Es fragilidad con intención, suavidad que evoca fascinación.
En contraste, Ledeny presenta una silueta casi imperceptible, una segunda piel que sugiere fragilidad con movimiento, hasta que el corsé de Marcela Posadas lo ciñe y lo transforma. La dulzura se disciplina. La feminidad se arma. La silueta deja de ser etérea para convertirse en subversión.
Andrea Zúniga introduce una ruptura conceptual: el blanco como vehículo de oscuridad. Inspirada en una feminidad que se transforma sin perder elegancia, su pieza demuestra que el dramatismo no necesita exceso cromático para ser inquietante y para transmitir tenebrosidad.
Con DOMDOM Design, la moda entra en el territorio de la dominación consciente. La sastrería no suaviza al cuerpo femenino; lo estructura como símbolo de mando. Estos trajes no acompañan a la mujer moderna: la ratifican.


Asimismo, Marysabel Medina reivindica la feminidad como un lenguaje propio, independiente de cualquier reacción. Su propuesta no es ni frágil ni combativa: es implacablemente segura. Y es en esa seguridad donde reside todo su poder.
Al final del recorrido, lo que queda no son prendas, sino el rastro de una identidad que se niega a ser descifrada. En este universo, nuestra musa no habita la moda: se convierte en ella. Es el triunfo de una estética que no busca ser entendida, sino recordada como el eco de una revolución silenciosa, donde el blanco es el arma y la rareza, el veredicto final.
Luis Ángel Murillo
Director Creativo Archivo 97
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