EL SUEÑO DE LOS DIOSES




Por: Hernaín DiBie$$o


“Living is easy with eyes closed”


– Lennon/McCartney


Como solía ser de ordinario, iba apresurado rumbo a mi trabajo cuando por alguna extraña razón una insondable gana de tomar café inundó mis pensamientos; era evidente que no había tomado el desayuno entonces decidí  entrar en el cafetín más próximo; solo una persona hacía fila para comprar, era un señor que cancelaba su pedido y se disponía a irse a una mesa, se dio la vuelta cuando noté que era ciego, se movió torpemente hacía una mesa contigua al aparador de la caja, dejando su cambio en la misma, ¡Señor! –espeté– su cambio. –tómalo– respondió y trae la otra taza de café que olvidé, obedecí de inmediato, no pedí en la caja y le entregué su dinero, él se negó a recibirlo, –creo que te sirve más a ti –me aconsejó –toma asiento, dijo enseguida, me arrebató la duda, pero el brillo de sus ojos inútiles me hipnotizó, notar aquel resplandor que se perdía en la nada, en la oscuridad pudo contra las vacilaciones de mi mente, tomé asiento tal como me lo pidió, sorbí de la taza y me pregunto: –¿crees en dios?  A lo cual yo respondí con un –No –haces bien en pensar así, se quitó su sombrero y lo puso boca arriba sobre la mesa, –eres capaz de guardar un secreto –ya no supe que responder– pensé que era una clase de vidente o mago o aun algo peor: era alguien necesitado de conversación, y yo pensando en cómo escabullirme de aquella charla tan inusitada; con sus ojos muertos posó su inexistente mirado cargado de un soslayo irreprensible y me repitió: –esta noche tendrás un sueño, esta noche tendrás un sueño…– su imperativa indicación me hizo pensar mil cosas mientras sorbía otra vez porque de algo no me podía escapar, de esa necesidad de tomarme un café para desayunar, el señor metió su mano en el sombrero que estaba sobre la mesa, sacó un pequeño amuleto, al menos eso parecía para mí, era una estatuilla de Morfeo, –llévala contigo, te ayudará a que tengas el sueño; la premura por irme me arrebata la calma, traté de ser un poco condescendiente y buscar la manera de retomar mi camino al trabajo –ten calma, que no te he contado sobre el secreto. Sucede que los dioses aunque no creas en ellos, están más cerca de lo que te imaginas, habitan en un lugar muy próximo a nuestra realidad, el detalle que muchos no tienen la fe suficiente, pero la ausencia de fe alimenta su deseo de manifestarse frente a los mortales, para que ese espacio que queda entre la razón y la fe al fin sea colmado con pruebas terrenales –ahora bien ¡amigo! Cierra tus ojos un momento –dijo—yo dude en hacerlo, pero mis ojos se amodorraron y en lo que parpadeé una fuerza irreconocible hizo que no los pudiera abrir, al instante fue como que recobrase la vista y vi al señor semejante a la forma de la estatuilla que me había dado, estaba frente a mí – este es el espacio del que te conté, parecía el mismo lugar, volteé hacía el reloj en la pared y la aguja de los segundos estaba congelada, el pasmo era indescifrable en mí, me reclamé mi fe en los actos divinos – esto no es un sueño –me explico el señor, yo soy un dios, un dios de los sueños, este es mi plano, mi mundo, mi universo, acá habitan todas las almas, que nacen y mueren, que vuelven a nacer, que se cobijan bajo una esperanza de volver a esa vida terrenal – ve al baño y busca el espejo, me ordenó—corrí y al verme frente al espejo, mis ojos brillaban como el sol, mi cuerpo estaba pálido y lleno de fulgor a la vez, pensaba que era una hipnosis, mi razón no me dejaba de gobernar, de súbito apareció el señor que ahora era un dios, –deja de estar inmóvil, ¡muévete! renegó – fue como si la gravedad, se hubiese desaparecido, mi cuerpo ahora era ligero, no lo sentía, salí del lugar como volando, la deidad iba a mi lado, pero él no parecía volar, nada más era ubicuo en ese extraño lugar, al haber salido del cafetín, el mundo se transmutó, parecía otro planeta, atravesábamos un escarpada sierra de piedra, tras superarla, note una larga peregrinación de hombres y mujeres, de diversas edades que se perdían en el extenso camino que daba al horizonte, –ellos no saben que sueñan, que al cerrar sus parpados tienen la oportunidad de viajar a un contexto jamás pensado para ellos, por eso se pierden en el horizonte – yo noté algo en ti – la ausencia de luz en tu alma te hace deslumbrar en este nuevo mundo para ti—pero déjame decirte que no estas soñando, yo decidí traerte acá para que conozcas el único potencial divino, la inmortalidad, los peregrinos vendrán y fácilmente escaparán, anhelan la luz– tu no, al contrario aspiras de las tinieblas la fuerza de la vida – pensé que se burlaba de mí, yo era un humano común y corriente, sí rara vez dormía bien pero suponía que eso es algo que aqueja a la mayoría, por eso acuden a narcóticos o terapias de sueño—no escupas más pensamientos—acá no hay nada que no pueda saber me decía sin mover si quiera sus labios—la mente es el juego más fácil: deséalo y se realizará… Abrí mis ojos de nuevo, el dios estaba frente a mí, lucía un poco más torpe y calmado, entonando con un zumbido  “Strawberry Fields” –si quieres irte, la puerta es ancha me dijo, sorbí un último trago, me paré fui directo a la puerta y seguí mi camino al trabajo, mientras caminaba las notas de la canción seguían resonando en mi oído, cuando llegué al trabajo descubrí que no había llegado tarde, el día sucedió como de costumbre: una docena de llamadas telefónicas, un par de reuniones, coquetear con la secretaría de mi jefe, regresar a casa por el camino que yo creía alternativo, olvidé un poco la charla de la mañana y la experiencia que había experimentado con aquella supuesta deidad, al disponerme a dormir, casi sin sentirlo tenia puesto el amuleto que me había dado el señor, recordé lo que me dijo, y me derrumbé en el suelo, pero no sentí la caída, volví a aquel extraño lugar, el dios apareció de nuevo a mi lado y me dijo: –este si es un sueño me afirmó, ¿quieres permanecer en él y volverte un dios como yo o te iras con los peregrinos? Me inquirió– Para aquel entonces mi mente lúdica controlaba todo al parecer sin razón alguna, el señor desapareció y me dijo: –ahora estás en el sueño de un dios, te heredo mi poder hasta cuando quieras tenerlo, pero en el mundo terrenal perderás algo… volví en sí de un salto, ahora yo era un señor ciego y capturaba en su ingenuidad a un joven que solo se prometía a sí mismo morir como los demás, morir del hastío de ser sí mismo, porque el sueño de un dios es poder morir.

FIN

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